Hay veces que actuamos como si tuviéramos el piloto automático puesto y hacemos cosas que sabemos no nos aportarán gran cosa, pero aún así las hacemos. Ese chic@ no me conviene, esa última copa tampoco, salir de compras no me apetece, ver la tele menos, pero lo hago porque «hay algo dentro de mí que funciona automáticamente» y no puedo controlarlo.

Los coaching y demás gurús (gurú, me encanta esa palabra que aparece por todas partes…) del crecimiento personal y del DIY (Do it Yourself), dicen que en 21 días podemos cambiar el hábito que queramos y adquirir uno nuevo que nos reporte mayor bienestar. Ja. Me río. He visto gurús de esos con la fórmula mágica para dejar de fumar fumando unos puros de aquí te espero y otros con la fórmula para bajar de peso que tenían más panza que Sancho Panza. Estos gurús suelen tener el mal hábito de creerse superior a los demás y de estar por encima del bien y del mal, quizá también porque actúan automáticamente.

Y es que lo difícil es darse cuenta de esas cosas que hacemos como un robot e intentar luego no hacerlas. Por experiencia, casi nadie lo consigue, sobre todo porque requiere un esfuerzo y un trabajo constante y eso está pasado de moda, no suele ser Trendind Tópic ningún día en Twitter. Además, en el hipotético caso de que alguien se decida firmemente a cambiar algo que no le gusta de sí mismo «todo ocurre despacio, deriva continente». Los continentes tardaron miles de millones de años en formarse, todo por el mal hábito de estar unidos en una masa amorfa e infame como la Pangea, pero al menos lo consiguieron..

¿Seremos capaces de cambiar los malos hábitos o seguiremos actuando automáticamente? Quizá dentro de miles de millones de años una cajera del supermercado te saludará con una sonrisa cuando vayas a comprar, o el conductor de autobús te dé los buenos días, los tíos seremos capaces de mear sin salpicar (de pie, claro, si no no tiene mérito), o dejaremos de aparcar en las plazas de parking de minusválidos solo para que el del coche de al lado no roce el tuyo al abrir la puerta. Quién sabe.

Os dejo con una canción de Luis Brea que define muy bien esa impotencia de saber que algo no estás haciendo bien pero aún así lo sigues haciendo porque lo tienes grabado en tu mente automáticamente. El primer vídeo es una gloriosa actuación de Brea en el water y el segundo un pedazo de vídeoclip del tema. La Superhéroa del vídeo, con su rollo Kill Bill, representa nuestra mente diciéndonos que por ahí no…