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Esta canción, grabada en 1979 y cantada por el mítico vocalista en esos tiempos de AC/DC Bon Scott, es un verdadero himno y una canción que a los que nos gusta el rock nos teletransporta a otra dimensión. Pero no solo a los roqueros, estoy seguro que mucha gente que prefiere otros estilos adoran este tema y vibran cada vez que lo oyen.

Y es que la fuerza de ese pedazo de riff de guitarra creado por uno de los hermanos Young (en este caso Malcolm y no Angus como la mayoría cree), no deja indiferente a nadie y nada más sonar el primer acorde, ya sea en casa, en el coche, en la discoteca o en las fiestas del pueblo, automáticamente provoca una reacción en el receptor, primero en la cabeza y luego en los pies para seguir el ritmo endiablado de la canción.

A mí lo que me sugiere siempre que la oigo es ese viaje al lado oscuro que todos tenemos, la transgresión de la norma, la puñalada del corazón a la razón, subirte a un coche que no conoces y que nadie conduce y no saber dónde acabarás… posiblemente en un lugar muy parecido al infierno.

Os dejo con dos vídeos. Uno donde aparece Bon Scott en 1979 (pocos meses después moría precisamente en un coche, ahogado en su propio vómito) y otro en un directo de 2009 en Argentina. Todo un espectáculo.